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Antes de nada, varias cosillas: 1-. Como sigáis diciendo lo del padre, acabará cayendo, y no quiero. 2-. Perdonad la tardanza, he estado muy liado con exámenes y trabajos, y aún me queda la peor semana, aunque intentaré subiros otro la semana que viene. 3-. Creo que acabaré haciéndolo así, uno cada semana. 4-. Perdonad que sea tan corto el capítulo, mis neuronas saturadas no dan para tanto.
Capítulo XIII. Una llamada inesperada
Ya es sábado. Hoy por la tarde llegan sus padres, y apenas nos quedan unas horas para disfrutar de nuestra soledad, una soledad extraña, pues el estar el uno con el otro es como si no estuviéramos solos, sino muy bien acompañados. -Estos días contigo han sido los mejores de mi vida… -susurra, acercando sus labios a mi oído, mientras continúa acariciándome el cuello. Me tumbo un poco más en el suelo, y echo el cuello hacia atrás, quedando la cabeza apoyada en el sofá, entre sus piernas, mientras le miro y sonrío. Estos días con él han sido uno de los mejores que he vivido, he estado feliz, alegre, riendo, pasándolo bien, además de que parece que con él me concentro más, es como si todo lo que hubiera aprendido en una semana lo hubiera aprendido en apenas tres días. Podría decirse que es como una especie de ayuda en los estudios, y por suerte, seguirá así durante unos años más. Dentro de unos meses, estaremos los dos en la universidad, en la misma clase, estudiando psicología, juntos. Pero está Joan. No he pensado en él durante estos días, pero parece que ahora que me voy y que vuelvo a mi rutina, hubiera aparecido de nuevo en mi mente, recordándome que también está él presente en mi vida, y que aún está pendiente aquella pregunta que formuló antes de irme, una pregunta que por suerte, al menos hay alguien sensato que no la ha formulado. Vuelvo la mirada hacia la tele de nuevo, con una pequeña sonrisilla en los labios, por el momento pasado hace unas pocas horas: me ha despertado con unas suaves caricias en la mejilla, y cuando le he sonreído al despertar, ha besado con amor mis labios durante unos segundos. Durante un rato hemos estado hablando en la cama, tumbados, abrazados de una forma tierna, el detrás mía, con su mentón en mi hombro, besando mi cuello, soplando la nuca… -Hoy llegan tus padres… -comento suavemente. -Sí, hoy se termina nuestro idilio, pero no te preocupes, podrá seguir fuera, ¿no? –pregunta, aún con sus delicadas manos en mi cuello. Me sorprendo ante su pregunta, pues es una forma pequeña de compromiso, o al menos yo lo noto así, es como decir que después de estos días, todo seguirá del mismo modo, lleno de caricias, ternura, besos y pasión…; no sé si lo deseo, la verdad. No me importaría nada, pero no soy dado el compromiso, y lo he dado a denotar con Joan, que debería de llamarle, verle, o hacer algo, pero también le necesito. Necesito a los dos para poder ser yo, ya son parte de mí, de mi esencia, de mi ser, y sé que si uno ahora desapareciera, me costaría mucho seguir para adelante. -Claro, podrá seguir –decido finalmente responder, por que realmente, no me importaría. Pero hay un problema: ya me he comprometido con Erik de una forma mínima, apenas ha sido como decir que respiraremos juntos durante un tiempo, pero ya es un compromiso, y no lo he pensado muy bien antes de decirlo, pero vamos, tampoco creo que le dé mucha importancia. -¿Sabes que te adoro? –pregunta mientras baja del sofá y se sienta a mi lado, apoyando la cabeza en mi hombro. Le sonrío ante lo que dice, pues siempre sienta bien oír un halago, y más si viene de parte de alguien como él. -Me gustas Erik -¿qué decir en un momento en el que está todo dicho? -Tú también me gustas Iván –sin moverse, coloca su mano en mi mejilla-. Mucho –añade. Me muevo de una forma rápida, me ha salido sin más ese movimiento, no estaba premeditado. En un segundo, está tumbado sobre la alfombra del salón, y yo encima suya, con las manos en el suelo para no cargarle con mi pesa, y mirándole a los ojos intensamente, como si pudiera leerle la mente, o como si tuviera rayos X para poder verle el interior, aunque ya lo único que me falta ver de él es su interior, y precisamente no es lo que más quiero. Pero no le beso, ni le acaricio ni nada por el estilo; por el contrario, poco a poco voy bajando la cabeza y termino apoyándola en su pecho, colocándome a su lado, pasando un brazo por su cintura, abrazándole. -Echaré de menos estos momentos… -y gran verdad que es… -Yo también Iván, estar contigo hace que lo demás no tenga importancia, que los malos momentos desaparezcan de mi mente… Eres de lo mejor que me ha pasado… -¿Y Marcos? -Al final le dije que no, que lo veía demasiado pronto para empezar con él, que estaba confundido con otra persona, y qué quieres que diga, esa confusión poco a poco a desaparecido, y en parte me alegro de que haya desaparecido… -¿Con quién estabas confundido? –lo sé, pero quiero saberlo de todos modos. -¿Con quién va a ser? –ríe y pone una mano sobre mi cabeza, enredando sus dedos en mi pelo. -No sé, dímelo tú –me río también y beso su pecho un segundo. -Te doy algunas pistas y a ver si lo adivinas: es rubio, de ojos azules, tiene un piercing en el labio, es bastante guapo, inteligente, amable, tiene una hermana llamada Miriam… -Con esos datos creo no podré saberlo… -Venga, una pista: besa de lujo. -Uff… No sé… ¿Alguna más? -A ver… Es bueno en latín –se ríe y baja la mano hasta mi cuello. -Esto… ¿Puede ser Martín? –no conocemos a ningún Martín, así que… -No precisamente… -Anda, dame otra pista –empiezo ha hacer circulitos en su pecho con el dedo. -Quiere estudiar psicología. -Ah vale, ya lo sé –me muevo un poco para poder mirarle a los ojos y río de nuevo. -¿Quién es? –pregunta sonriendo. No respondo, sino que junto mis labios a los suyos lentamente, apenas un roce, pero para el momento es suficiente. Intento apartarme pero me retiene, retiene mi cabeza, y por tanto, mis labios, y ahora es él el que los junta, no de una manera delicada, sino apasionada. Ha empujado sus labios a los míos brutamente, pero no me molesta para nada, es más, me gusta. Nuestros labios empiezan a tomar conciencia propia, aumentando el ritmo, rozándose los unos contra los otros sin pasión, destrozándose. De golpe suena mi móvil. Me aparto lentamente, me levanto mirándole y me acerco a la mesa para cogerlo. -¿Sí? -Iván, soy Joan. Me quedo con la boca abierta, y los ojos como platos. No esperaba su llamado, y la he recibido así, de sopetón, como planeada por alguien que quiere que el día no acabe bien. -Hola –saludo simplemente, no me salen las palabras. -¿Por qué no me has llamado en toda la semana, ni hoy? Estaba preocupado por ti, creía que había pasado algo. -No, estoy muy ocupado estudiando por la selectividad. -¿Quién es? –pregunta Erik alzando la voz. Le miro a los ojos, intentando decirle que se esté callado, pero le ha oído. -¿Con quién estás? –su tono no es normal, lo noto. -Un amigo, estamos preparando juntos los exámenes. -¿Un amigo? -Sí, sólo un amigo –recalco el sólo, pero le lanzo un beso a Erik para que no se preocupe, y me sonríe. Al menos por ahora algo va más o menos bien. -Estaba preocupado… -va rebajando el tono de voz, y suelto un suspiro de tranquilidad. -Estoy bien, sólo muy ocupado. -Vale, no te preocupes… Te echo de menos, muchísimo… ¿Puedes venir mañana al apartamento? –pregunta con voz dulce. -No sé, ya te lo he dicho, estoy liadísimo… -mañana llegan mis padres, y no es plan de no estar el día que vuelven. -¿Llevas bien griego? En toda la boca. Me lo imagino ahora con la ceja alzada y una sonrisa macabra. -Eso es chantaje –apostillo. -No, es simplemente una verdad, no llevas bien griego. Tienes que venir para que te ayude. Eh… vale, no conocía esta parte suya, es demasiado posesiva. Parece que sólo me quiere para él, que no puede compartirme con nadie. Es como si necesitara verme para ser quien es, y no me gusta. Soy libre, no le pertenezco a nadie. -Lo llevo bien, no te preocupes. -Ven, te vendrá bien –y cuelga. De nuevo, me quedo con la boca abierta. Imaginaba que algún defecto tendría, como estudiar poco, dejar los platos sobre la mesa o los calcetines por el suelo, pero no un defecto realmente malo como la posesión, la extorsión y el chantaje. Me sigue gustando, mucho, le sigo necesitando tanto como a Erik, pero no puedo evitar seguir pensando sobre la charla. Me ha decepcionado, mucho. -¿Algún problema? –pregunta Erik poniendo la mano en mi hombro. -No tranquilo, no pasa nada –le sonríe y dejo el móvil en la mesa. -¿Seguro? Tienes una cara de sorpresa, como si te hubieran contado algo que no te llegas a creer… -Sí, más o menos es eso, pero se solucionará, tranquilo. -Vale. Mientras tú estés bien, nada puede ir mal –ríe con un tono suave, me abraza y besa mi mejilla con suavidad. -Gracias Erik por ser como eres –susurro. -¿Cómo? -Eres tú, simplemente –le miro a los ojos antes de besarle en los labios con ternura. Pero a pesar de eso, no puedo sacarme a Joan de la cabeza.
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Cuéntame un cuento que me haga creer Que todos los sueños no son de papel
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